Durante el último tiempo, la forma que se habla sobre la vejez ha cambiado bastante, solíamos escuchar términos como adulto mayor, anciano, abuelito, viejito y otros tantos que no suelen representar lo distinta que es la vejez para las personas.
Hoy en día la vejez es tan heterogénea, que no todos son abuelos, mucho menos se sienten viejos, por eso la forma en que nos referimos hacia quienes son mayores debe ser respetuosa y abarcan todas las edades desde los 60 hasta los 100 años.
La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos de las Personas Mayores, en su artículo 2°, define como ‘persona mayor’ a toda aquella de 60 años o más (a excepción de que su país establezca una edad distinta), poniendo a la persona en el centro, antes que su edad o condición.
Primero personas, luego la edad
Hablar de personas mayores cumple dos objetivos clave: primero, reconocer a las personas que tienen historias distintas, derechos, autonomía y se enmarcan en una tremenda diversidad; mientras que el segundo objetivo es que al usar la palabra personas, el lenguaje se vuelve mucho más inclusivo desde el punto de vista de género ya que considera a hombres y mujeres sin invisibilizar a nadie.
Este enfoque está en línea con una comprensión actual de la vejez. La Convención entiende la vejez como una construcción social de una etapa del curso de la vida, y el envejecimiento como un proceso gradual, que se desarrolla a lo largo de los años e involucra cambios biológicos, psicológicos, sociales y funcionales. No es una enfermedad ni una pérdida automática de capacidades.
El lenguaje también puede discriminar
Según la Guía para el Buen Uso del Lenguaje, elaborada por Voces Mayores, el modo en que hablamos puede reforzar el edadismo, es decir, la discriminación por edad, y también la infantilización de las personas mayores. Por eso, se recomienda evitar términos que reduzcan, estigmaticen o homogenicen.
Expresiones como “abuelitos” o “abuelos” no deben usarse para referirse a los mayores ya que no todos los son y los encasilla en un solo rol. Lo mismo ocurre con los diminutivos, que pueden resultar ofensivos si no hay ningún vínculo con la persona de por medio.
Otro error frecuente es asociar automáticamente la vejez con la falta de autonomía, convalencia y de plano las enfermedades. Por ejemplo, usar términos como ‘demencia senil’, ‘postrado’ o ‘inválido’, solo generar discriminación que no refleja la realidad, ya que hoy día la vejez es mucho más activa y participa plenamente en sociedad. Según la Guía de Voces Mayores, cuando existen condiciones de salud, lo correcto es nombrarlas con precisión y respeto: persona con demencia, persona con dependencia, persona en situación de discapacidad.
Hacerlo como un acto de respeto
El objetivo de la Convención Interamericana es claro y busca promover, proteger y asegurar el pleno ejercicio de los derechos humanos de las personas mayores, favoreciendo su inclusión, integración y participación en la sociedad. El lenguaje es parte fundamental de ese camino y desde Agenda Plateada recomendamos seguirlo para seguir reconociendo las historias y el trabajo de los mayores.
Hablar de personas mayores no es solo una elección de palabras correctas, sino también de reconocer el envejecimiento con dignidad respeto y justicia

