Para ninguna generación es un secreto que la digitalización transformó la forma en que nos comunicamos, trabajamos, nos conectamos con otros e incluso realizamos tramites ya sea simples y sencillos, como también tramites de estado y burocracia.
Hoy, pedir una hora médica, revisar beneficios del Estado o incluso mantener contacto con la familia depende, en gran medida, del acceso y manejo de herramientas digitales.
En este escenario, garantizar la inclusión digital de las personas mayores no es solo un desafío ligado al uso de tecnologías, es también un tema de equidad y no discriminación.
La exclusión digital en personas mayores puede limitar la autonomía, profundizar desigualdades y aumentar el aislamiento social. Hoy se debe buscar que todas las personas, sin importar su edad, puedan integrarse plenamente al mundo digital.
La brecha en Chile, tener acceso a internet no significa que se utilice
En Chile, el acceso a internet ha crecido de manera sostenida en las últimas décadas, según en reporte “Población mayor: ¿Hacia la superación de la brecha digital?” del Observatorio del Envejecimiento Confuturo -UC, entre los años 2000 y 2017, aumentó de un 16% a un 87% en la población general del país.
En el caso específico de las personas mayores, actualmente el 88% de las personas declara tener acceso a internet en su hogar y el 89% dice tener un teléfono móvil. Aún así, solo el 51% cuenta con un smartphone y apenas el 41% utiliza efectivamente internet.
Es justamente esta diferencia entre acceso y el uso del acceso a internet y/o smartphone, la que evidencia que la brecha digital ya no se explica solo por la conectividad, sino por el desarrollo de habilidades, la confianza en el uso de tecnologías y las oportunidades reales que estas ofrecen.
El concepto de brecha digital ha evolucionado precisamente hacia esa mirada más compleja: no basta con tener internet disponible, es necesario saber usarlo y aprovechar sus beneficios.
Y no solo se centra en una brecha, las cifras del mismo reporte del Observatorio del Envejecimiento Confuturo UC, demuestra que también hay un impacto social en las personas mayores: el 54% de aquellas que no utilizan internet presenta soledad, mientras que el 63% de los que no navegan en internet presentan alto riesgo de aislamiento.
La evidencia internacional respalda esta relación. Estudios han demostrado que el uso de internet puede reducir la probabilidad de depresión y soledad en la vejez, al fortalecer el soporte social y las redes de contacto. En ese contexto, la inclusión digital se convierte en un factor protector del bienestar emocional y social.
Un desafío pendiente

La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, ratificada por Chile en 2017, establece el derecho de las personas mayores a la alfabetización digital y a la educación a lo largo de la vida. En una sociedad donde cada vez más servicios son digitales como la chilena, ejercer este derecho hoy día parece fundamental para garantizar participación ciudadana y autonomía.
En abril de 2024, Chile avanzó en esta línea con la aprobación del proyecto de ley que reconoce el acceso a internet como servicio público de telecomunicaciones, en el marco del Plan Brecha Digital Cero. Sin embargo, la política pública debe ir más allá de la infraestructura: es necesario fortalecer las habilidades digitales, especialmente considerando que la población mayor es diversa y presenta distintas necesidades, trayectorias educativas y niveles de experiencia tecnológica.
Si es así entonces ¿Cómo disminuir la brecha digital?
Esto debe ser un esfuerzo conjunto entre Estado, sector privado, organizaciones sociales e incluso familias. Enseñarle a tus seres cercanos puede ser un aporte a disminuir la brecha digital.
En Agenda Plateada proponemos algunas acciones concretas que pueden marcar la diferencia:
1. Talleres y formación continua
Impulsar talleres prácticos en centros comunitarios, municipios y organizaciones de personas mayores, enfocados en habilidades cotidianas: uso de WhatsApp, videollamadas, banca en línea, trámites digitales o prevención de fraudes. La capacitación debe ser progresiva, cercana y adaptada a distintos ritmos de aprendizaje.
2. Acompañamiento personalizado
El aprendizaje mejora cuando existe apoyo directo. Programas de mentoría intergeneracional (personas jóvenes y adultas) podrían tener resultados positivos en confianza y autonomía digital.
3. Enseñar en casa
La inclusión digital también comienza en el entorno familiar. Dedicar tiempo a enseñar con paciencia a madres, padres o abuelos cómo usar un teléfono inteligente, descargar aplicaciones o realizar trámites puede fortalecer vínculos y reducir el aislamiento.
Cerrar la brecha digital en personas mayores significa abrir oportunidades: acceder a información, ejercer derechos, mantener vínculos, emprender proyectos y participar activamente en la comunidad. La tecnología, cuando es accesible e inclusiva, puede convertirse en una aliada para un envejecimiento más autónomo, conectado y digno.


