Según datos oficiales del Ministerio de Salud de Japón, el país asiático alcanzó 99.763 personas de 100 años o más en septiembre de 2025, la cifra más alta registrada hasta ahora y un récord que se repite por 55 años consecutivos.
Esta cifra convierte hoy a Japón no sólo en el país con la mayor cantidad de centenarios del mundo, sino también, como el país con la tasa de proporción más alta de su población, ya que existen más de 80 centenarios por cada 100 mil habitantes. De hecho, en algunas regiones, como por ejemplo la prefectura de Shimane, la cifra se puede elevar hasta casi 170 personas.
Y de ese total poblacional, casi el 88% son mujeres, lo que confirma que la esperanza de vida femenina sigue siendo considerablemente mayor.
La realidad del país nipón
Según un artículo publicado por la BBC, el aumento de personas centenarias en Japón ha sido sostenido en el tiempo.
Fue en 1963 cuando se comenzó a registrar los datos de los centenarios por parte del gobierno japonés, y para aquellos años sólo contaban con 153 personas mayores de 100 años, mientras que en 1981 la cifra superó las mil personas y para 1998 ya eran 10 mil las personas mayores.
La esperanza de vida en el país asiático, se ubica entre las más altas del mundo: 87,1 años para las mujeres y 81,1 años para los hombres. Los expertos atribuyen este fenómeno a bajas tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, así como a una muy baja prevalencia de obesidad, especialmente entre las mujeres.
De hecho, uno de los factores más estudiados detrás de la longevidad japonesa es su dieta tradicional, caracterizada por un alto consumo de pescado, vegetales, soya y té verde, y una ingesta reducida de carnes rojas, azúcar y alimentos ultra procesados.
A esto también se le suma el bajo consumo de sal que se impulsó como política pública hace décadas, que se ha traducido en menos enfermedades cerebrovasculares y una disminución del cáncer gástrico.
Los centenarios que siguen trabajando
Un reportaje del New York Times dio a conocer la experiencia de cinco personas mayores de 100 años que siguen activas laboralmente, entre ellas una cocinera, un agricultor, un reparador de bicicletas, una vendedora de maquillaje y una narradora de historias.
Para estas personas, llegar a los 100 años no significa retirarse de la vida social. Por el contrario, muchas atribuyen su longevidad no sólo a la alimentación y la salud, sino también a mantener un propósito, seguir trabajando y sentirse útiles, con el apoyo de sus familias y comunidades.


La experiencia japonesa deja una enseñanza clave: vivir más años no tiene por qué significar una vejez pasiva o frágil. Con políticas públicas adecuadas, entornos saludables y una mirada positiva sobre el envejecimiento, la longevidad puede ser una etapa activa para todas las personas.

